Categoría: Blog

  • La ansiedad es una tramposa

    Siempre guardará ases bajo la manga

    Cómo la ansiedad usa tus debilidades en tu contra

    Cuando el cuerpo está debilitado bien por el cansancio, por el dolor o por momentos en los que no estamos bien de ánimo, la ansiedad aprovecha para sembrar dudas, distorsionar la percepción de la realidad y avivar escenarios catastróficos.

    En estados de debilidad física o anímica, la atención se focaliza en señales de amenaza y disminuye la capacidad de recuperación, permitiendo que pensamientos irracionales resulten más convincentes, que la respiración se acelere y que la mente permanezca atrapada en bucles de miedo, rumiación y autocrítica.

    Esto nos hace estar más hipervigilantes, construyendo una narrativa en la que nuestra seguridad parece inalcanzable y el control se torna muy difícil de conseguir.

    ¿Te suena muy técnico? Pues lo vivimos constantemente.

    Porque la ansiedad no juega limpio.

    La ansiedad va a intentar ganarte la partida. Pero conocer sus trucos cambia las reglas del juego.

    Va a aprovechar cada rendija en la que pueda colarse para resquebrajar de nuevo tu mente, para hacerte dudar de ti misma/o otra vez más.

    Cómo saber cuando está haciendo trampas

    Al principio te dará la sensación de que todo va bien.

    Solo es cansancio, solamente tengo un mal día, seguro que durmiendo un poco más se me pasa…

    Pero al día siguiente el día se hace un poco más pesado, necesitas dormir más y decides que, solo por esta vez, te vas a saltar la clase de baile.

    A la semana siguiente ya has dejado de contestar mensajes de algunas amistades, el trabajo se te está haciendo cuesta arriba y notas presión en el pecho, te cuesta comer o tienes problemas digestivos…

    Y así es como la ansiedad se vuelve a meter en tu cabeza y en tu vida y se adueña de ella antes siquiera de que sepas que estabas jugando la partida.

    Y así también es como puedes aprender a detectarlo

    Con todo lo que te acabo de mencionar.

    Tienes que estar presente en tu cuerpo y en tu mente. Sobre todo cuando la vida nos pone delante imprevistos que no veíamos venir.

    No es cuestión de estar siempre a la defensiva, sino de saber que, la ansiedad va a hacer trampas siempre que pueda y con todas las herramientas que estén a su alcance.

    Así que cuanto mejor conozcas a tu demonio… mejor.

    Para quienes no seguís asiduamente mi blog, mi demonio (mi ansiedad) se llama Anselmo. Eso me permite hablarle con dureza cuando es necesario.

    También le da menos poder porque lo visualizo. Ya no es algo intangible, voraz e inabarcable. NO.

    Es un simple bicho al que se le puede asustar igual que él me ha estado asustando a mí.

    Conclusión

    La única constante en la vida es el cambio.

    Y con esa premisa tenemos que vivir y adaptarnos.

    Lo que yo pretendo para vosotros es que podáis adaptar vuestros momentos de ansiedad a esas rachas en las que la vida no va tan llana como nos gustaría, y que no dejemos que juegue con nosotros.

    Es nuestra mente y tenemos el control. Con herramientas, paciencia, fármacos en algunos casos, apoyo del entorno y de profesionales, etc…Podemos vivir con ello e incluso superarlo.

    Y parte del sentido de este blog es servir en esa red de apoyo. Por eso siempre os tiendo mi mano al final de cada entrada.

    Porque yo sí que os veo y siempre os voy a leer sin juicios.

    Solo tenéis que empezar con un «Hola» 😊.

  • El miedo: El mejor compañero de mi ansiedad

    El combustible de la ansiedad

    El miedo no me dejar vivir como quiero.

    Durante mucho tiempo pensé que mi ansiedad era el problema. Con los años descubrí que, detrás de casi todos mis síntomas, siempre estaba el mismo compañero: el miedo.

    Me he tenido que dar cuenta mucho después porque se ha camuflado demasiado bien.

    Ya os he comentado que la ansiedad tiene muchas caras y se disfraza de muchas maneras. Y algo que se le da especialmente bien es esconder las razones reales por las que existe.

    Pero, ¿miedo a qué?

    Para responder a esa pregunta he tenido que pasar por muchos años de terapia.

    Primero saber a qué tenía miedo. Y descubrí que era a muchísimas cosas, muchas de ellas irracionales pero que para mí eran totalmente reales y amenazantes.

    • Miedo a no ser suficiente
    • Miedo a no encajar
    • Miedo a hacer el ridículo
    • Miedo a fracasar
    • Miedo a que me hicieran daño, tanto física como psicológicamente

    Y podría seguir…

    Al final era miedo a casi todo. ¿Y a qué me llevaba y a veces, aún me sigue llevando eso?

    A aislarme, huir del mundo.

    El miedo y la ansiedad van cogidos de la mano y no se van a soltar a menos que los obligues.

    Diferencias entre miedo y ansiedad

    Mientras que el miedo aparece cuando hay un peligro real y es una emoción temporal, la ansiedad por el contrario, es constante, muchas veces irracional y no suele tener como base una amenaza externa verídica.

    En mi caso, los miedos que os mencioné antes, procedían de causas de la infancia y la adolescencia, cuando nuestra personalidad aún se está formando.

    Cuando estableces patrones en tu mente que crees como válidos cuando en realidad no lo son.

    La ansiedad es una emoción compleja, llena de matices y que se puede disparar en cada persona por diferentes razones.

    Pero hay algo que es común…

    La ansiedad se alimenta del miedo.

    Cómo combatirlo

    Bueno…aquí me temo que no hay soluciones mágicas, ojalá.

    Pero la única manera de superar el miedo es enfrentarse a él.

    Primero, identificar qué es lo que nos da miedo y por qué.

    Y segundo, irnos exponiendo gradualmente a aquello que nos atemoriza.

    Y en eso, puede ayudarnos un profesional.

    A mi me ha llevado tiempo pero estoy en ello y sigo aprendiendo y sigo luchando.

    No quiero decir que con eso desaparezca la ansiedad, pero la debilitaremos.

    Tendrá menos combustible para activar nuestro sistema nervioso.

    Las batallas, una a una. Nadie te impone tiempos.

    Puede sonar desafiante, pero si no luchamos por nosotros mismos, ¿quién lo va a hacer?.

    Por eso estás aquí leyendo esto, y por eso estoy yo aquí escribiéndolo.

    Porque queremos salir adelante, y si sientes que en algún momento no puedes hacerlo sola/o, es tan simple como decirme un «hola» por Telegram.

    Estaré más que encantada de tenderte esa mano, esa espada, ese escudo, o lo que necesites 😉.

    Porque yo sí que te veo y siempre te voy a leer sin juicios.

  • La fuerza de voluntad en la ansiedad no es cuestión de «echarle ganas»

    La fuerza de voluntad se puede entrenar

    Recientemente he pasado por un momento que a todos nos incomoda, pero a los que sufrimos de ansiedad especialmente más.

    Y es cuando te viene algo que no esperas, un comportamiento de alguien que te importa y que no imaginabas que pudiera suceder…La peor parte es que no puedes hacer nada al respecto, ya he hablado sobre lo mucho que le gusta a la ansiedad tener todo bajo control, y estos imprevistos son muy desafiantes porque te afectan emocionalmente pero no tienes la capacidad para meterte en la mente de la otra persona para que entienda tu punto de vista.

    Qué pasa por la cabeza en esos momentos

    Cuando sientes que pierdes el control, la ansiedad se dispara.

    Sientes que tu mundo empieza a desmoronarse y que los sentimientos y las emociones invaden y nublan tu juicio.

    Y ahí es donde empieza el AUTOSABOTAJE:

    • Te aislas
    • Abandonas los hábitos saludables
    • Empiezas a posponer decisiones importantes
    • Buscas alivio inmediato a ese dolor (aunque en el fondo sepas que empeora el problema)
    • Intentas huir de todo y de todos
    • Retrasas las sesiones de terapia

    Y un largo etcétera…porque el cerebro busca aliviar el malestar, no necesariamente lo que más nos conviene.

    «La ansiedad busca la salida fácil, no la correcta.»

    Qué es cuidarse cuando tienes ansiedad

    Todos sabemos qué deberíamos hacer para sentirnos mejor. Más aún si tenemos que lidiar con que nuestra propia mente a veces juega en nuestra contra.

    Y es salir a caminar, dejar de aislarnos, pedir ayuda… Sin embargo, muchas veces hacemos justo lo contrario.

    No porque no queramos mejorar, sino porque la ansiedad, el miedo o la desesperanza nos empujan hacia conductas que terminan haciéndonos más daño.

    Cuidarte implica un esfuerzo, sí. Pero la fuerza de voluntad para hacerlo se puede entrenar. Y va muy de la mano con tu autoestima.

    Dicho así, suena algo muy grande y puede dar miedo pero en realidad hay muchas cosas que podemos hacer para ir fortaleciendo esa voluntad y no recaer en hábitos que nos dañan y que nos frenan.

    Cómo fortalecer mi fuerza de voluntad

    No se trata simplemente de «ser fuerte», sino de cosas más concretas. Cosas que puedes implementar en tu día a día, como por ejemplo:

    • Ponte objetivos tan pequeños que sea difícil no cumplirlos
    • Sal a la calle, contacta con la naturaleza
    • No tomes decisiones importantes en tus peores momentos
    • Recuérdate a ti misma/o por qué merece la pena
    • Celebra con entusiasmo cada pequeño avance
    • Perdónate cuando recaigas y vuelve a empezar

    Yo he estado unos días hecha polvo, pero cuando me pasa algo así tengo una regla. Me doy como máximo 3 días para sentirme mal, NO MÁS.

    El cuarto día tengo que empezar a aplicar esas pequeñas cosas que os acabo de mencionar.

    Porque la verdadera fuerza de voluntad no consiste en no caer nunca. Consiste en elegir levantarte una vez más de las que te caes.

    No lo tienes que hacer perfecto, solo empieza.

    Elígete.

    Cada vez que decides cuidarte aunque no tengas ganas, estás fortaleciendo una parte de ti que mañana hará un poco más fácil volver a elegirte cuando las cosas parezcan torcerse.

    Y si ahora mismo estás pasando por algo así y no sabes por donde empezar o no ves la salida, estoy aquí.

    Yo tampoco la ví durante mucho tiempo, puedo comprender tu momento y, si me dejas, arrojar algo de luz.

    Porque yo sí que te veo y siempre te voy a leer sin juicios.

  • «Cuando mi autoestima cae, mi ansiedad se dispara»

    El papel de la autoestima en la salud mental.

    Los peligros de una baja autoestima es el manejo de la ansiedad.

    Tras muchos años de vivir con ansiedad y depresión, he descubierto que, en mi caso, mi nivel de autoestima está directamente relacionado con cómo gestiono mis períodos ansiosos y depresivos.

    Y es que cuanto menos confianza tengo en mí misma, menos confianza tengo también en las herramientas de las que dispongo para ayudarme a combatir o aceptar los momentos complicados que se me presentan en la vida.

    La autoestima: Una herramienta poderosa

    Para mí, trabajar en mi autoestima, ha supuesto una herramienta muy potente a la hora de enfrentar situaciones que me generan ansiedad.

    Ya he hablado anteriormente de alguna de ellas, pero para quienes no hayáis leído otras publicaciones, os dejo las más comunes que suelen afectar a los que vivimos siempre en hipervigilancia constante.

    • Querer tener siempre el control.
    • La dificultad para adaptarse a los imprevistos.
    • El aislamiento progresivo a nivel social.
    • Sentirse agotada frecuentemente.
    • Seguir con tu vida mientras lidias con la ansiedad y/o la depresión.
    • Sentirte incomprendida y culpable por no llegar a todo.

    Y muchas otras cosas que hacen que inevitablemente nos cuestionemos si somos lo suficientemente válidos.

    La ansiedad muchas veces te hace creer que no eres suficiente.

    Y trabajar en mi autoestima me ha enseñado que eso es mentira.

    Una buena autoestima cambia tu perspectiva

    Cuando empiezas a quererte más y a confiar en tus capacidades, has dado un gran paso.

    Cambia la manera en la que enfrentas los momentos de ansiedad o las recaídas.

    Sabes que tienes herramientas para superarlo, porque ya lo has hecho más veces. Porque sí que vales, aunque en ese momento de tormenta no logres verlo.

    Una buena autoestima te da otra perspectiva. Una en la que eres capaz de mirar más allá de esa dichosa tormenta y decir…»esto también pasará, sé que estoy preparada/o».

    Por eso, considero que es importantísimo trabajarla y cuidarla, porque es una de nuestras mayores aliadas.

    Es la que nos va a proveer de recursos cuando lo demás parezca flaquear.

    Convierte a tu autoestima en tu aliada contra la ansiedad.

    Prepárate para que esta vez la tormenta no te pille por sorpresa.

    No seamos nuestros propios enemigos

    Inconscientemente, muchas veces nos hablamos de manera horrible. Párate a pensarlo.

    • «Esto me pasa por tonta/o.
    • «No debería ser tan ingenua/o.»
    • «Tendría que ser más fuerte, por qué no lo soy»
    • «Seguro que piensan que estoy loca/o»

    Nos hablamos realmente mal.

    Ahora piensa si esto le estuviera pasando a un amigo o amiga a quien tuvieras en gran estima…¿le dirías esas cosas? ¿No, verdad?

    Entonces, ¿Por qué te las estás diciendo a ti misma/o?

    Háblate a ti misma/o como le hablarías a tu mejor amiga/o.

    Y en caso de que te cueste empezar a hacerlo…Aquí estoy yo para echarte una mano.

    Tan solo tienes que animarte y escribirme, con un simple «hola» sirve para comenzar.

    Porque yo sí que te veo y siempre te voy a leer sin juicios.

  • ¿La ansiedad puede provocar una crisis de identidad?

    MI EXPERIENCIA

    Sí. La ansiedad intensa puede hacer que sientas que ya no eres la misma persona. Esa sensación es más frecuente de lo que parece y suele aparecer cuando el malestar se prolonga durante mucho tiempo.

    Creo que todos los que sufrimos de ansiedad, depresión o estrés pronunciado y crónico, nos hemos sentido en muchos momentos perdidos, confundidos y/o descolocados.

    Y eso hace que, inevitablemente, te cuestiones quién eres al final.

    Qué está pasando en tu cabeza. Por qué sientes que ya no eres la misma persona de antes y quién es la persona que está afrontando el día a día en el que estás hoy.

    Cómo empecé yo

    Cuando yo noté que algo andaba realmente mal y que no me reconocía a mí misma…ya no podía sostener la mentira que llevaba tiempo fingiendo ni llevar la vida funcional que había llevado hasta entonces.

    Sabía que algo no iba bien, sí, pero intentaba taparlo, como creo que la mayoría de la gente hace al principio.

    La ansiedad me llevó a ser una persona totalmente diferente a quien ni reconocía en el espejo.

    Y es que empecé a tener conductas y pensamientos que no eran propios de mí.

    Que jamás había tenido y que no eran coherentes con mi forma de ser.

    Estaba completamente perdida.

    No solo había perdido la tranquilidad. Sentía que también había perdido mi personalidad.

    Lo único que sentía es que nada iba bien, que hiciera lo que hiciera, no me encontraba mejor y que los ataques de ansiedad seguían apareciendo.

    El punto de inflexión

    Hubo un punto en el que, en un momento de lucidez, supe que no podía seguir por ese camino y decidí parar.

    Parar para pensar, para reflexionar.

    -«¿En quién me he convertido?»

    -«¿Esta es la persona que voy a ser ahora? Porque no me gusta».

    -«Tengo que reevaluar mis principios y mis valores en la vida».

    Y eso es lo que hice.

    Pero para poder hacerlo bien, sabía que iba a necesitar ayuda de un profesional. Y lamento decirlo así de crudo pero la ayuda que me ofrecía cada 6 meses la seguridad social no era suficiente, necesitaba una orientación más continuada, tenía miedo de perderme para siempre.

    La versión 2.0, la nueva YO

    Digamos que la ansiedad es como si pasara un tornado por tú casa mientras tu estás sobreviviendo como puedes en el sótano, y cuando sales, solamente quedan palos y ladrillos rotos.

    A partir de ahí tienes que recomponer todo otra vez.

    Una casa no se hace en 3 días, ni en 3 semanas ¿verdad?. Pues una versión nueva de ti mismo tampoco.

    Me ha llevado tiempo, no sé si mucho o si poco, cada uno tiene sus tiempos y no me comparo. Me he tomado el tiempo que necesitaba para que las bases fueran sólidas.

    Pero ahora puedo decir que sé quién soy y quién quiero llegar a ser.

    Que las crisis existenciales son parte del proceso y hay que verlo como tal, no como un retroceso.

    Tener una crisis de identidad es normal en la ansiedad. Que no te abrume.

    Lo importante es saber quien quieres llegar a ser y luchar por ello cada día, a tu ritmo pero sin pausa.

    Y recordar que no tienes que pasar por ello sola o solo, que hay gente como yo dispuesta a tenderte la mano. A decirte «hola, aquí estoy. Cuéntame lo que quieras».

    Porque yo sí que te veo y siempre te voy a leer sin juicios.

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  • La Niebla Mental: por qué cuesta pensar con claridad cuando tienes ansiedad

    «Todo va a cámara lenta»

    Para quienes sigáis el blog a menudo, os habréis dado cuenta de que llevo unos días sin escribir.

    Y es que hay momentos en los que me cuesta pensar con claridad.

    Sacar una idea concisa entre la maraña de pensamientos que tengo en la mente y que se sienten como una niebla densa que se apodera de tu cabeza por momentos.

    ¿Qué es la Niebla Mental?

    Es otro de los síntomas que podemos tener quienes tenemos ansiedad y/o depresión o estrés crónico, y se trata de esa lentitud y confusión en la mente que no te deja discernir claramente tus ideas, tus pensamientos o tus emociones.

    Te cuesta concentrarte y poner atención.

    Suele ser producto de un cansancio crónico. Lo que en otras publicaciones hemos comentado de estar casi siempre en un estado de hipervigilancia, hace que tu cuerpo y tu mente consuman más energía sin darte cuenta.

    ¿Cuáles son los síntomas más comunes?

    Por lo general, suelen ser:

    • Pequeños fallos de memoria.
    • Confusión y lentitud mental.
    • Dificultad para concentrarse y mantener la atención.
    • Cansancio pronunciado (incluso habiendo dormido).
    • Dificultad para tomar decisiones.

    A mi por ejemplo, me pasa que a veces me cuesta encontrar la palabra que quiero usar.

    O ser capaz de seguir una conversación simple con mi madre o una amiga.

    La confusión también se siente como un cansancio extremo y en mi caso estos días ha venido precedido de varias semanas de problemas para dormir bien.

    Tips que ayudan con la Niebla Mental

    Me ha costado varios días darme cuenta de que estaba así (precisamente por esa lentitud de procesamiento en la información), pero ahora ya estoy tomando medidas y os comparto algunas que os pueden venir bien para ayudar con esta confusión.

    • Controlar el consumo de cafeína, teína y derivados…
    • Salir más de casa o hacer ejercicio.
    • Establecer pequeñas rutinas cotidianas.
    • Hacer ejercicios mentales (lectura, sopa de letras, sudokus…).
    • Procurar irte a dormir a la misma hora y establecer una rutina de sueño.

    Si estás en terapia, habla con tu terapeuta sobre ello. A veces te puede dar consejos más útiles y personalizados de los que yo te puedo mencionar aquí.

    La niebla mental se siente pesada pero es reversible.

    Solo conozco un caso en el que he oído que puede no serlo, y en ciertos casos muy concretos de COVID persistente.

    Pero no es de lo que trata esta publicación. Así que si en tu caso es por alguna de las razones que mencionaba al inicio (ansiedad, estrés crónico, depresión, etc…), no te alarmes.

    Es pasajero.

    Yo sí te veo y siempre te leo sin juicios

    Si te sientes así…

    Confusa/o

    Lenta/o

    Irritable

    Perdido/a

    He pasado y sigo pasando por ello, conozco parte del camino y puedo tenderte una mano para que no tengas que recorrerlo sol@.

    Con un simple «hola» podemos comenzar 😉 , aquí me tienes.

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  • ¿Por qué estoy siempre agotada? La ansiedad y la depresión también cansan

    Creía que era pereza y me sentía mal por ello pero eran la ansiedad y la depresión.

    Durante mucho tiempo creí que era una «floja», que donde otros llegaban sin problemas a mí me costaba un mundo, como el simple hecho de ducharme.

    Cuando me di cuenta de que no era solo pereza

    Estaba entre la ansiedad, la culpa y la depresión.

    Todo se mezclaba y mi mente se volvía loca intentando desenmarañar toda esa bola de pensamientos que se agolpaban mientras, por fuera, parecía no estar haciendo absolutamente nada productivo.

    Era muy contradictorio y frustrante.

    MOMENTOS DE LUCIDEZ:

    Había momentos donde pensaba…

    • Yo nunca he tenido la casa así de sucia, si es que odio tenerla así.
    • A mí nunca me ha costado coger el coche para ir a cualquier sitio.
    • ¿Ducharme? Pero si era uno de mis momentos de relax, porque ahora me cuesta tanto.
    • Si yo antes disfrutaba tomando un café en una terracita por qué ahora me supone un mundo salir de casa.

    Ahí es cuando empecé a ver que lo que me pasaba no era solo pereza, había algo más y decidí contárselo a mi psicólogo…

    El por qué de ese cansancio permanente

    Descubrí que se le llama procastinación. Una palabra un poco rara lo sé jejeje.

    Que no era pereza, ni falta de voluntad. Era algo mucho más profundo.

    Y que en mi caso, ese cansancio constante, era otro síntoma.

    Cuando tu cuerpo está en un estado de hipervigilancia continuo y además tienes depresión por todo lo que te está quitando en tu vida, lo más lógico es que estés cansada o cansado.

    Es un agotamiento que no se ve, pero que se siente todo el tiempo.

    Es un desgaste de energía descomunal.

    Con ansiedad y depresión, a veces no queda espacio para vivir, solo para sobrevivir.

    Y bastante que haces si puedes llevar una vida más o menos funcional.

    Si lo estás consiguiendo, créeme eres muchísimo más fuerte de lo que piensas!

    Y si no lo estás consiguiendo también es completamente normal. Vivir con el 2% de batería casi todo el tiempo no es algo para lo que estemos preparados así que lo más lógico es que tu cuerpo y tu mente te acaben pidiendo descanso.

    Tratarte con compasión

    Al principio yo me fustigaba de manera frecuente con la idea de no poder, de no llegar, de no hacer…

    Hasta que alguien muy sabio me dijo…

    «Si esto le estuviera pasando a una amiga tuya, ¿le hablarías como te estas hablando a ti misma?»

    Y eso me hizo cambiar el chip.

    Comencé a ser menos exigente conmigo misma, más benevolente. Ya no era cuestión de hacer para ser alguien, sino de sentir lo que habitaba en mí para descubrir quién era realmente.

    No eres lo que haces, tu esencia es otra

    Muchas veces confundimos quienes somos con lo que hacemos en el día a día. Soy dentista, soy administrativa, soy madre, soy jugador de fútbol amateur…

    Y sí, en parte eres todo eso, pero no es lo que te define como persona.

    Y cuando estás pasando por un momento de estos, ninguna de esas etiquetas te va a ayudar a salir. Tienes que buscar dentro de tí misma/o para reconocer quién eres realmente, más allá de lo que haces.

    La persona que eres no está definida por si puedes ducharte un día o no.

    Vivir constantemente agotada o agotado es muy frustrante pero tratarte con compasión y tener una red de apoyo ayuda mucho en ese proceso hasta que seas capaz de ir sanando.

    Porque te diré un secreto, NO es permanente!

    Siempre hay esperanza aunque ahora quizá no la veas y para eso estoy yo aquí, para decirte que estuve en ese pozo, que aún a veces caigo en él.

    Pero que ya no le tengo miedo. Por que sé salir, como he salido tantas otras veces y sé que tú también puedes hacerlo.

    Si ahora mismo todo está muy oscuro y te sientes demasiado cansada/o, quiero que sepas que no estás sola/o. Yo también he estado ahí.

    Porque yo sí que te veo y siempre te leeré sin prejuicios.

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  • ¿El calor hace que tengas más ansiedad?

    A mi también me pasa…

    Puede que a muchas personas que tenéis ansiedad estéis acostumbradas al calor y no os afecte, depende mucho de la zona geográfica donde viváis supongo.

    Pero habemos otros muchos a los que el calor nos dispara los niveles de ansiedad y tiene un por qué.

    ¿Por qué está relacionada la ansiedad con el calor?

    • Porque nos cuesta más respirar y uno de los síntomas principales de la ansiedad es esa sensación de presión en el pecho, la sensación de ahogo. Así que el cerebro lo asocia como si fuera lo mismo.
    • Además hay una sobrecarga para que el cuerpo mantenga su temperatura corporal lo cual, para una mente ansiosa supone un desafio más al que enfrentarse.
    • Muchos de nosotros tenemos que tomar medicación y uno de los efectos secundarios es la sequedad de boca, si a esto le sumamos la deshidratación propia del calor…Tenemos que pasarnos el día bebiendo agua o isotónicos y es otra fuente de preocupación.
    • También está el tema del sueño, si ya de por sí, nos suele costar tener un sueño reparador, imaginad con el calor.

    Así que no es algo aislado, ni que te pase solamente a ti.

    Tiene un por qué, unas causas y unos efectos.

    Cómo ayudar a combatirlo

    Muchos tenemos las técnicas que nos han enseñado los profesionales de la salud mental: ejercicios de respiración, visualización, centrarse en el ahora…etc

    Hay otros más físicos también como por ejemplo:

    • Aplicar agua fría en zonas concretas del cuerpo, como las muñecas, la nuca, la cara (especialmente en la frente…)
    • Evitar los contrastes bruscos de temperatura. Aunque nuestro cuerpo nos lo esté pidiendo a gritos a veces, hay que hacerlo de manera progesiva. No puedes pasar de 19 grados en un sitio con aire acondicionado a salir a la calle con 37 grados al sol.
    • Intentar mantener nuestro hogar en una temperatura estable. Cada uno debemos saber con que grados podemos decir que podemos pasar sin ansiedad y sin que se nos vaya la economía en ello. Pero procurar tampoco tener esos cambios bruscos.
    • Ducharse con agua tibia. Parece una obviedad pero a veces lo que más nos apetece es una ducha de agua fría y eso puede hacer que nuestro cuerpo haga ese sobreesfuerzo que luego nuestra mente tiene que regular.

    Mi experiencia particular

    Yo personalmente evito salir a la calle todo lo que puedo. No se si es lo más sano, pero en mi caso es lo que mejor me funciona.

    Y si tengo que salir lo hago a primeras horas de la mañana o a últimas de la noche.

    Porque en mi caso lo que peor llevo es esa sensación de no poder respirar bien y no poder descansar por la noche. Porque luego lo voy arrastrando todo el día.

    Y ese cansancio se vuelve en una sensación de no poder con las obligaciones mínimas y ahí está….la ansiedad.

    Espero que estos tips os sirvan de algo para pasar este verano un poquito mejor y que logréis disfrutar sin ansiedad del buen tiempo y de vuestras más que merecidas vacaciones.

    Y si aparece…aquí me tenéis para leeros sin juicios.

    Comentadme cómo lleváis vosotros el calor teniendo ansiedad, me gustará leeros!

    FELIZ VERANO

    Mai

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  • Fingir que no tenía ansiedad fue un gran error

    Y es lo que me hizo colapsar…

    Fingir que no tenía ansiedad y que todo estaba bien en mi vida cuando por dentro cada vez me estaba rompiendo más y más rápido no fue la mejor estrategia…

    La ansiedad y la depresión no van a desaparecer por mucho que las ignores.

    Y me tocó aprenderlo por las malas.

    Creo que aunque ahora está más visibilizada la salud mental, muchos seguimos creyendo que aguantar es una virtud.

    Supongo que es una cuestión cultural o incluso genética, el pensar que no te puedes rendir a la mínima que te sientas mal.

    Pero una cosa es pasar por un bache y otra es cuando ese bache nunca termina y se prolonga meses, esa es la principal diferencia.

    Mi bache probablemente empezase en un solo aspecto de mi vida que camuflaba en otro, cuando el otro también se convertía en un bache me refugiaba en la familia y así sucesivamente…

    Escucha a tu cuerpo

    Hacía tiempo que mi cuerpo, y mi cabeza, me venían avisando, aunque yo no le ponía nombre. No sabía lo que era y eso que había estudiado sobre ello, ¡qué ironía!

    Porque no es fácil detectarla, se esconde bajo muchos síntomas distintos y bajo muchas caras.

    Sientes que algo en tí ya no es como antes, pero no sabes bien qué es.

    • Empiezas a sentirte más cansada/o de lo normal.
    • A sentirte fuera de lugar.
    • Cada interacción se vuelve más pesada.
    • Tienes problemas de estómago o de apetito que antes no tenías.
    • Poco a poco la preocupación se instala en ti de forma permanente.
    • Comienzas a pensar las cosas una y otra vez y todo se vuelve un poco más gris.

    Éstas y tantas otras cosas, eran las que me empezaban a pasar a mí y que intentaba tapar por el medio que fuera.

    La ansiedad me hablaba pero yo no quería escuchar, hasta que gritó BASTA.

    Cuando no te queda de otra que atender la llamada

    Y eso pasó con mi primer ataque de ansiedad.

    Para los que nunca hayáis tenido ninguno, os explico las principales características:

    • Taquicardia
    • Presión en el pecho
    • Sensación de ahogo (como si fueras asmático/a)
    • Temblores
    • Sensación de mareo o de que te vas a desmayar
    • Náuseas
    • En algunos casos, llanto incontrolado
    • Respiración acelerada

    Hay más y en cada persona pueden variar algunos síntomas, pero principalmente suelen ser esos.

    ¿Por qué te los pongo?

    Para que no te asustes si te pasa.

    No te vas a morir. No te va a dar un ictus ni un derrame cerebral.

    Al menos es lo que me han dicho a mí.

    Cómo gestionar esas «llamadas»

    Bueno…para gestionar esas «llamadas», es decir los ataques de ansiedad, lo primero es acudir a un profesional que te evalúe y te hagan un seguimiento.

    A partir de ahí, hay unas pautas que no soy quién para deciros, para eso están los psicólogos, pero que de verdad ayudan.

    No os voy a engañar, eso no quiere decir que cuando tengas un ataque de ansiedad o de pánico vaya a ser un camino de rosas.

    Pero al menos sabrás a lo que te enfrentas.

    ¿Conclusión? No finjas

    Si mi experiencia puede servirte de algo…no finjas, hazme caso.

    Lo único que vas a conseguir con eso es retrasar tu proceso para poder estar mejor.

    No haces ningún bien a nadie, no va a desaparecer.

    Al contrario, el sufrimiento será mayor. Y si no quieres hacerlo por tí misma/o, porque crees que puedes con ello, hazlo por tus seres queridos que van a tener que ver cosas para las que, quizás, no estén preparados.

    Antes de llegar a eso, le puedes poner remedio y si ahora estás sintiendo que estás llegando a ese punto puedes hablar conmigo.

    Igual tu no sabes qué es lo que te está pasando pero quizá yo sí te puedo decir si es parecido a lo que me pasaba a mí o no e indicarte si es conveniente acudir a un profesional.

    Porque solo quienes vivimos este tipo de cosas podemos reconocer ciertos patrones, por eso yo sí te veo y siempre te leo sin juicios.

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  • «Debería poder con esto»: La culpa que siento al tener ansiedad y depresión

    Y quizás tu también sientas

    Cómo empezó todo y por qué sentía culpa

    Cuando empecé a sentir que no podía con todo lo que me estaba pasando por dentro me sentía tremendamente culpable. Pensaba…»si es que no me ha pasado nada grave, hay gente que está mucho peor, debería poder con esto…».

    Esa culpa me martirizaba y hacía a la vez que no quisiera contarle a nadie lo que me estaba pasando, porque sentía que no merecía sentirme mal.

    Tenía un trabajo, una pareja, amistades, a mi familia…se supone que lo tenía todo pero algo se estaba rompiendo dentro de mí y no sabía cómo pararlo.

    No me sentía con derecho de ser una persona con problemas de salud mental.

    La ansiedad o la depresión no siempre vienen de un fuerte golpe de la vida.

    A veces se cuelan en tu mente sin avisar por algo que llevas arrastrando desde hace mucho tiempo sin darte cuenta.

    Para mí aún era un estigma

    Yo hacía todo lo posible por que no se me notara.

    Intentaba hacer vida normal, porque para mí, los problemas de salud mental solamente los vivían aquellos que habían tenido cuestiones graves en su vida.

    NO YO.

    Eso pensaba entonces…cuánto he aprendido desde aquello gracias a la terapia y a ir conociéndome poco a poco con dolor, sí, pero también con compasión.

    Cómo me liberé de la culpa

    He de admitir que me llevó bastante tiempo.

    Durante muchos años no quise decir de lo que padecía. Aunque ya no podía sostener una vida normal, cuando me preguntaban, siempre decía que tenía problemas físicos.

    Por que la realidad de la salud mental es que como no se ve, para muchos, no existe.

    Y yo no quería tener que cargar encima con eso.

    Pero poco a poco y en GRAN medida gracias a los psicológos y psiquiatras, me fui dando cuenta de que no tenía que sentirme culpable por ello.

    También fue un momento revelador en el que me dije: «es que si pudiera vivir sin ansiedad y sin depresión ya lo habría hecho. Nadie quiere vivir así».

    Es decir, darme cuenta de que era un problema de verdad.

    Era una enfermedad, como cualquier otra.

    Y merecía ser tratada, como cualquier otra.

    Mi médico de cábecera fue el primero que jugó un papel importante en todo esto.

    Espero que algún profesional de la salud te esté entendiendo como al principio mi médico me entendió a mí.

    Al final, es asumir que puede que no lo vean, puede que no lo entiendan.

    Pero es real y es totalmente válido.

    Qué pasa cuando dejas de sentirte culpable

    Hay un grandísimo avance en tu proceso y lo digo sin rodeos.

    Cuando te das cuenta de que te das permiso a ti misma/o para asumir que tienes que sanar y que eso va a llevar tiempo y que no hay NADA de lo que avergonzarse, es liberador.

    Y a partir de ahí todo se vuelve menos pesado.

    A partir de ahí, es cuando te da igual lo que la gente piense porque te pones a ti en primer lugar y eso no tiene precio.

    La culpa aumenta el sufrimiento y atrae la soledad. No se lo permitas.

    Puede que lo que acabo de decir resuene con lo que estás viviendo y si es así quiero que sepas que yo si que te veo y TE LEO sin juicios.

    Aquí me tienes para contarme cómo esa culpa está afectando a tu vida y a tu proceso. Con un simple «hola» es suficiente para empezar.

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