Y es lo que me hizo colapsar…

Fingir que no tenía ansiedad y que todo estaba bien en mi vida cuando por dentro cada vez me estaba rompiendo más y más rápido no fue la mejor estrategia…
La ansiedad y la depresión no van a desaparecer por mucho que las ignores.
Y me tocó aprenderlo por las malas.
Creo que aunque ahora está más visibilizada la salud mental, muchos seguimos creyendo que aguantar es una virtud.
Supongo que es una cuestión cultural o incluso genética, el pensar que no te puedes rendir a la mínima que te sientas mal.
Pero una cosa es pasar por un bache y otra es cuando ese bache nunca termina y se prolonga meses, esa es la principal diferencia.
Mi bache probablemente empezase en un solo aspecto de mi vida que camuflaba en otro, cuando el otro también se convertía en un bache me refugiaba en la familia y así sucesivamente…
Escucha a tu cuerpo
Hacía tiempo que mi cuerpo, y mi cabeza, me venían avisando, aunque yo no le ponía nombre. No sabía lo que era y eso que había estudiado sobre ello, ¡qué ironía!
Porque no es fácil detectarla, se esconde bajo muchos síntomas distintos y bajo muchas caras.
Sientes que algo en tí ya no es como antes, pero no sabes bien qué es.
- Empiezas a sentirte más cansada/o de lo normal.
- A sentirte fuera de lugar.
- Cada interacción se vuelve más pesada.
- Tienes problemas de estómago o de apetito que antes no tenías.
- Poco a poco la preocupación se instala en ti de forma permanente.
- Comienzas a pensar las cosas una y otra vez y todo se vuelve un poco más gris.
Éstas y tantas otras cosas, eran las que me empezaban a pasar a mí y que intentaba tapar por el medio que fuera.
La ansiedad me hablaba pero yo no quería escuchar, hasta que gritó BASTA.
Cuando no te queda de otra que atender la llamada
Y eso pasó con mi primer ataque de ansiedad.
Para los que nunca hayáis tenido ninguno, os explico las principales características:
- Taquicardia
- Presión en el pecho
- Sensación de ahogo (como si fueras asmático/a)
- Temblores
- Sensación de mareo o de que te vas a desmayar
- Náuseas
- En algunos casos, llanto incontrolado
- Respiración acelerada
Hay más y en cada persona pueden variar algunos síntomas, pero principalmente suelen ser esos.
¿Por qué te los pongo?
Para que no te asustes si te pasa.
No te vas a morir. No te va a dar un ictus ni un derrame cerebral.
Al menos es lo que me han dicho a mí.
Cómo gestionar esas «llamadas»
Bueno…para gestionar esas «llamadas», es decir los ataques de ansiedad, lo primero es acudir a un profesional que te evalúe y te hagan un seguimiento.
A partir de ahí, hay unas pautas que no soy quién para deciros, para eso están los psicólogos, pero que de verdad ayudan.
No os voy a engañar, eso no quiere decir que cuando tengas un ataque de ansiedad o de pánico vaya a ser un camino de rosas.
Pero al menos sabrás a lo que te enfrentas.
¿Conclusión? No finjas
Si mi experiencia puede servirte de algo…no finjas, hazme caso.
Lo único que vas a conseguir con eso es retrasar tu proceso para poder estar mejor.
No haces ningún bien a nadie, no va a desaparecer.
Al contrario, el sufrimiento será mayor. Y si no quieres hacerlo por tí misma/o, porque crees que puedes con ello, hazlo por tus seres queridos que van a tener que ver cosas para las que, quizás, no estén preparados.
Antes de llegar a eso, le puedes poner remedio y si ahora estás sintiendo que estás llegando a ese punto puedes hablar conmigo.
Igual tu no sabes qué es lo que te está pasando pero quizá yo sí te puedo decir si es parecido a lo que me pasaba a mí o no e indicarte si es conveniente acudir a un profesional.
Porque solo quienes vivimos este tipo de cosas podemos reconocer ciertos patrones, por eso yo sí te veo y siempre te leo sin juicios.
Acompañamiento emocional Ansiedad Estrés Frustración Incomprensión
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